Cuento clásico Juan sin miedo

Este es uno de esos cuentos clásicos cortos que en particular me gusta mucho, porque nos deja entrever como uno de los sentimientos más importantes que experimenta el ser humano, puede ser percibido de forma distinta por otros.

El relato comienza en la casa de Juan, un muchacho de aproximadamente unos 20 años a quien su anciano padre no tenía gran cosa que heredar.

– En estos años he tratado de enseñarte la mayoría de cosas que conozco hijo mío, para que puedas defenderte. Más siento que algo te falta, pues veo en tus ojos la curiosidad por aprender más.

– Yo te agradezco padre mío todo lo que has hecho por mí, pero sí es verdad, me encantaría sentir miedo.

– ¿Y para qué quieres eso? Si el miedo muchas veces pone a las personas en predicamentos. Afortunado tú, que jamás lo has sentido.

– Realmente no sé por qué deseo advertir en carne propia lo que es sentir temor, pero por otro lado estoy seguro de que si no consigo mi meta, nunca podré alcanzar la felicidad.

– Te deseo suerte hijo. Únicamente espero que cuando estés frente a él, tengas el brío para soportarlo.

Pronto el joven se ganó el apodo de “Juan sin miedo”, pues él solo había logrado derrotar a brujas y hasta ahora a los malvados. Tal era su fama que un rey cercano cuyo castillo se encontraba hechizado, mandó llamarlo para que lo ayudara a terminar con la maldición.

– Es un placer conocerte Juan sin miedo. Debes pasar tres noches encerrado en mi castillo, si logras hacerlo el encantamiento que ha estado en este inmueble por más de una década al fin finalizará y podré volver a reinar como es debido. A modo de pago, te ofrezco la mano de mi hija. Aunque eso sí, debes saber que ya otros 38 hombres lo han intentado sin éxito. Dijo el rey.

– Su majestad. Puede estar tranquilo, en menos de lo que canta un gallo, su casa estará libre de espíritus. Quiero aclararle que esto no lo hago para casarme con la princesa, sino porque mi deseo más grande es conocer el miedo.

– ¡Qué muchacho tan franco y tan valeroso! Ojalá consiga tan ambiciosa proeza, ya que un hombre así sería un digno sucesor. Pensó el rey.

Juan sin miedo entró al castillo y durante la primera noche nada sucedió hasta que en el cielo surgió la luna llena. En ese momento, un fantasma hizo su aparición en la habitación del chico con el propósito de asustarlo. Sin embargo, el joven tomó un hacha afilada y con gran precisión cortó los grilletes que sujetaban al ánima, haciendo que ésta se desvaneciera en el aire.

Al siguiente día, sucedió algo similar sólo que ahora se trataba de un vampiro, a quien Juan sin miedo atravesó directo en el corazón con una estaca de madera afilada.

Ya para la tercera noche, se mostró ante él una momia de vendajes vetustos y malolientes. Sin meditarlo, Juan tomó un extremo de un vendaje y le prendió fuego, provocando que esos restos tomaran la forma de un mago quien le dijo:

– Has conseguido romper el encantamiento, le devolveré al Rey su palacio intacto en tanto tú me dejes marchar.

Juan aceptó el trato y poco después se casó con la princesa.

Cuento clásico Juan sin miedo

No obstante, durante la luna de miel, su esposa por descuido dejó caer un jarrón lleno de agua sobre el rostro de Juan mientras este dormía. Eso hizo que el muchacho por primera vez sintiera temor, al pensar que se estaba ahogando.